Por ellos, lo que sea

Por ellos, lo que sea

Mediados de agosto y ya tenemos más de 1500 infectados diarios, el cómo evolucionará la pandemia es un misterio. Por un lado, hay quienes están seguros de que seguirá subiendo la curva hasta una segunda oleada en octubre y otros aseguran que ya estamos en la segunda oleada pero con mucha menor virulencia y más controlada que la primera por lo que todo pasará pronto y quedará en un mal suelo aunque, por supuesto, la precaución y el tema de las mascarillas van para largo. Por eso, y ante la incertidumbre sobre lo que pasará en pocas semanas, llevo desde principios de agosto pensando que hay que hacer algo especial para los niños.

Todos lo hemos pasado mal, desde el más pequeño hasta el más anciano, y sabemos que hay muchísimos jóvenes y adultos en estados de pre-depresión, ansiedad e incluso lo que podría ser un principio de agorafobia, pero no puedo evitar pensar que los niños son el futuro de nuestra sociedad, son quienes harán de este un lugar mejor (o eso esperamos algunos) y ¿cómo van a lograrlo si un gran porcentaje de ellos va a necesitar tratamiento para superar los efectos secundarios psicológicos de todo esto? Todos necesitamos ayuda, pero hoy estoy pensando en los más pequeños de la casa.

Mi hija, de 13 meses, empezó el confinamiento con 8, y no es que se haya enterado mucho, pero quitarle la costumbre de los paseos, de no poder salir a ver la luz del sol causó cicatriz en ella y cuando llegaban las tardes y seguía sin salir de casa se ponía irascible, no quería comer, solo lloraba sin parar hasta que caía agotada de sueño por el esfuerzo. Y eso tarde tras tarde y luego otra más.

Mi hijo de 6 años empezó a levantarse por las noches, estando dormido, como sonámbulo, y nos decía cosas sin sentido sobre la situación, cosas como “no podemos salir”, “hay que cuidar a la abuela” o “lávate las manos”. Supongo que su miedo, su estado de nerviosismo o su ansiedad se reflejaba cada día así.

Y luego está el mayor, que tiene 10 años, y quien es el que mejor ha entendido la situación y, por tanto, quien más miedo ha pasado. No lo decía, pero soy su madre, y noto cómo están mis hijos, probablemente es el que más miedo me daba porque al comprenderlo todo intentaba asimilarlo en silencio, y probablemente no podía, lo que provocaba que su cabeza fuera un auténtico hervidero de preguntar no formuladas sin contestar.

Ahora, aunque con precaución siempre, bajamos a la piscina, nos bañamos, pasamos la tarde jugando, vemos a sus abuelos e incluso a sus primos, pero la marca que ha dejado el confinamiento no la vamos a poder borrar nunca.

La actualidad

Hoy por hoy la situación es compleja porque aunque no creo que el país pueda soportar otro confinamiento y, por lo tanto, dudo mucho que se vuelva a instalar un Estado de Alarma en todo el territorio español para volver a dictaminar que todos nos quedemos en casa, sí creo que si la cosa va a peor se empezarán a tomar medidas como cerrar bares y zonas de ocio, cerrar parques infantiles, cerrar piscinas y limitar muchísimo el acceso a la playa así que, al final ¿qué nos quedaría para nuestros pequeños? Tal vez salir a pasear por la calle con las mascarillas puestas e intentando no tocar nada ni a nadie.

Por eso, y antes de que llegue ese momento (ojalá no llegue nunca), me he propuesto hacer en nuestra urbanización la mejor fiesta del mundo, o por lo menos la mejor que yo, y nuestros vecinos colaboradores podamos organizar. Será una fiesta donde los protagonistas serán los niños, más que nada porque no podríamos hacerla con todos los residentes tal y como sí se han hecho otros veranos, ya que tanta gente junta sería un peligro.

Niños en la urbanización tenemos unos 25-30 (también depende de si bajan todos a la fiesta o no), así que vamos a poner a un vigilante por cada 5 niños. Es decir, que en total estaremos hablando de 5 adultos, más todos los que verán los juegos desde los balcones de sus viviendas, y los pequeños.

¿Y cómo será la fiesta? Pues de disfraces, por supuesto. La primera prueba consiste, de hecho, en ponerse ese disfraz. Haremos 3 grupos de unos 7-8 niños que tendrán que lanzarse a la piscina y cruzarla a lo ancho para recoger, al otro extremo su disfraz, que estará dentro de una bolsa enorme cerrada con zip para que no entre agua dentro. Tendrán que recoger esa bolsa y lanzarse con ella de nuevo a la piscina para volver al punto de partida, donde abrirán la bolsa y se tendrán que poner el disfraz. Ganará el primero que se lo ponga todo.

Los disfraces los hemos comprado todos de superhéroes y superheroinas, porque durante este año todos ellos están siendo héroes, y entre Idealfiestas y Disfrazarte Shop hemos encontrado todo lo necesario sin tener que salir de casa lo que, hoy por hoy, es bastante interesante.

Después de eso, por supuesto, toca el maquillaje, así que todos los niños irán pasando por las manos de los inexpertos, pero con mucho interés, vigilantes adultos de la fiesta.  Y cuando estén todos disfrazados y maquillados empezará la merienda, con bocatas salados, una bolsa de patatas pequeña para cada uno y su propio e individual refresco, para que no se intercambien nada. De postre, tarta especial de la urba, hecha por nuestra vecina del tercero, y la partirá y repartirá (con ayuda) el ganador de la primera prueba.

¿Y por qué digo primera prueba? Pues porque después de la merienda vendrán más: carrera de sacos, gymkana y un juego con globos que va a ser la bomba.

Lo único que queremos es que nuestros niños disfruten un poco este verano, que si ya está siendo atípico para todos tenemos que pensar que para ellos está siendo, tal vez, mucho peor.

Os animo a todos a organizar algo así antes de que ya no esté permitido, o antes de que prefiramos no salir de casa de nuevo. Y, por supuesto, ánimo, que cada vez queda menos para la vacuna.

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