Del comer y del beber hay cosas que aprender

Del comer y del beber hay cosas que aprender

Es muy curioso comprobar cómo cambian las modas y que dependiendo de ellas, en parte, se mueve un poco el mundo. Podríamos ver los mejores ejemplos en la moda, y comprobar cómo, en base a lo que dictaminan las grandes franquicias, acaba siendo toda la moda de temporada, consiguiendo así que una gran parte de la población parezcan calcomanías sin personalidad, todos cortados por un mismo patrón. Pero realmente la moda no es algo que me preocupe demasiado mientras que la salud sí lo hace.

Todos sabemos que el alcohol es malo, siempre lo hemos sabido, lo que pasa es que siempre se ha visto a esta droga como un mal menor dentro de nuestra sociedad e incluso hay quien, años atrás, “recetaba” una copita de vino al día para tener un corazón sano y fuerte. Por eso, probablemente, tomarse una copa, una caña o un vinito estaba socialmente admitido, bien visto de hecho, y quien no consumía alcohol nunca era visto como un bicho raro.

Ahora, por el contrario, se trata de demonizar al alcohol como si hablásemos de una droga dura que destruye nuestro organismo  nuestra salud poco a poco, y aunque lógicamente en esto estoy más de acuerdo que en lo anterior, soy de las que piensa que no hace falta llevar nada al extremo y, por tanto “ni tanto ni tan calvo”.

Si ahora está de moda eso de no probar ni una gota de alcohol no es porque nos hayamos vuelto todos súper sanos, de hecho siguen siendo más los que beben que los que no, lo que ocurre es que hay una moda (que prefiero a otras, que quede claro) que promueve la vida sana por encima de todo. Y muchos diréis ¿es esto algo malo? Pues como he dicho antes, no lo es, si no lo llevas al extremo.

Los extremos nunca fueron buenos

Tenía de pequeña una amiga a la que sus padres nunca le habían dejado comer golosinas. Eso es fantástico para ella pues, siendo objetivos, la golosina no es más que azúcar y petróleo, pero la realidad es que eso de que nunca haya probado nada es un poco triste. En este momento, y después de decir eso, miles de personas estarán a punto de saltarme a la yugular para morder mi arteria con saña amenazándome de muerte si no retiro lo anteriormente escrito, y el caso es que tienen razón al decir que no pasa nada porque un niño no pruebe las golosinas, o no coma bollería industrial, tienen toda la razón del mundo, pero como yo pienso que “los extremos nunca fueron buenos” también pienso que a nadie le va a matar un dulce, al menos a priori.

Lo que quiero decir es que pasarse el día comiendo caramelos no es sano, ni siquiera lo es comerse un caramelo al día pero ¿podría pasarle algo a una persona sana si de vez en cuando, algún sábado por ejemplo, se toma un caramelo? Pues dudo mucho que se vaya a morir por eso ¿verdad? De hecho, dudo mucho de que eso le provoque ningún problema ni a coto ni a largo plazo.

Lo mismo pienso del niño que come de forma equilibrada a diario y una vez a las mil, su madre le permite comerse un bollo de chocolate. ¿Morirá instantáneamente por hacerlo? Pues no lo creo.

Y del mismo modo traslado todo eso al alcohol, ¿va a morirse alguien por tomarse una caña un sábado por la mañana con el aperitivo clásico de tapeo español? Pues no.

Está claro que hablamos de personas sanas, no se trata ahora de extrapolar todo esto a un diabético, un alcohólico, una persona con enfermedad de Chron o algo peor, hablamos de la sociedad generalizada que no tiene ningún problema conocido o patología diagnosticada que le impida comerse un dulce o beber una copa de vez en cuando.

¿Qué es lo que sería ideal? Pues lo ideal es que esa copita de vino que bebiera o ese bollo con chocolate que comiera estuviera cocinado con los mejores ingredientes ecológicos pero eso ya es mucho pedir ¿verdad?

Digo todo esto porque en mi opinión hacemos más daño a nuestro organismo, y al planeta, ingiriendo o bebiendo productos ultraprocesados que podrían salir perfectamente de una impresora 3D por lo poco natural que tienen, que por comer de vez en cuando algo con demasiada azúcar o con un poco de alcohol.

Según bodegas Bocopa, en Alicante, sus vinos ecológicos, como el Laudum o el Laudum Chardonnay, si bien están teniendo una mayor acogida que otros años, esta sigue siendo muy pequeña en comparación con otros productos y eso a pesar de que la producción de estas bodegas es de lo más ecológico que podemos encontrar actualmente en nuestro país.

Y esto no es solo cosa del alcohol y de los dulces, se aplicaría a cualquier tipo de producto. Por ejemplo, no es normal que compres una hamburguesa en un supermercado y leas que tiene un 75% de carne. ¿Un 75%? ¿Entonces qué narices hay en el 35% restante? Pues yo os lo digo: azúcar, sal, químicos, cereales, etc. Eso, ingerido a diario, es lo que puede dañar nuestro organismo, no una caña de vez en cuando o un bollo una vez al mes. Es el producto que comemos todos los días, y el refresco que bebemos casi a diario, lo que verdaderamente nos está haciendo daño, degenerando nuestro sistema y produciéndonos diabetes, sobrepeso, problemas de riñón, etc.  Si esa hamburguesa que comemos fuera verdaderamente ecológica, comeríamos al menos un 98% de carne, y dejo el 2% restante a la piza de sal que ha de ponérsele o algún conservante natural que sé que usan muchas empresas de renombre para podres trabajar con mayos seguridad.

Pongamos otro ejemplo, el aceite de oliva virgen extra o AOVE. El oro líquido español no solo es una fuente de salud y nutrientes, sino también un ingrediente perfecto para cocinar los platos más exquisitos, tanto en casa como en la alta cocina  y, obviamente, de todos es sabido que hay aceites y aceites. Pasa un poco como con el vino, lo hay de reserva, gourmet, premium… y luego hay un AOVE de calidad para el pueblo llano que se enfrenta a otro tipo de aceites de oliva (y de otras procedencias) que dejan mucho que desear.

Desde el Centro de Interpretación Olivar y Aceite de Jaén nos indican que hay aceites ecológicos cuya producción, aunque un poco más cara, es bastante asequible que podrían ser vendidos en grandes superficies a precios más o menos económicos pero sale mucho más a cuenta, para otras grandes manufactureras, seguir trabajando el aceite no ecológico para obtener mayores beneficios. Por ejemplo, nos explican que en su web se puede comprar aceite de oliva picual de Jaén, totalmente ecológico, de los mejores productores de aceite de la zona a precios realmente competitivos pero, sin embargo, la mayoría de los supermercados prefieren vender otro tipo de productos debido a que pueden sacarle mayor beneficio por su bajo coste productivo.

Y de nuevo viene la pregunta del millón, ¿qué nos causará más daño, una golosina en el cumpleaños de mi amigo del cole, una copita de vino en una celebración especial, un bollo en una merienda al mes o consumir aceite reutilizado (en muchas ocasiones) obtenido por procedimientos mecánicos prácticamente a diario?

Y es que tenemos el embudo ancho para algunas cosas y muy estrecho para otras, lo cual no es tolerable porque al final estamos perjudicándonos a nosotros mismos haciéndonos creer que realmente estamos haciendo las cosas bien por no beber ni una gota de alcohol y comer carnes procesadas a diario, porque es carne, y supuestamente eso no es malo ¿verdad? Y digo carne como podría decir miles de productos que compramos a diario en el supermercado y que en lugar de contener un casi total porcentaje de ingrediente base natural llevan incluso menos del 50% de ese ingrediente y el resto son acidulzantes, azúcar, sal, emulgentes y otros aditivos que sí causan problemas a nuestro organismo.

Un buen tomate frito, como el de Sandoval lleva tomate natural, aceite de oliva virgen extra y una pizca de azúcar y sal, nada más. Eso es un producto procesado sano. Pero hay otras marcas (de las que me reservo el nombre) en cuyo tomate frito podemos leer una etiqueta de chiste: tomate, aceite de girasol, jarabe de glucosa y fructosa, azúcar, almidón modificado, sal y aromas (de los cuales potenciadores del sabor: E62-E627-E631). Eso es un ultraprocesado malo, nada natural y mucho menos ecológico, cuyo consumo para cocinar desde pastas hasta platos de cuchara es alto, y por tanto SÍ daña nuestra salud, cada día un poquito más.

Pero podemos seguir culpando a las bodegas, o a os productores de golosinas y bollería industrial, podemos seguir haciéndolo porque la moda de culpabilizarlos sigue vigente y además tiene razón: no son productos saludables. Todo eso está muy bien, pero sigo diciendo que los extremos no son buenos y tan malo es ser un adicto al alcohol como comer este tipo de ultraprocesado a diario, lo que pasa es que los efectos se ven a más largo plazo en forma de enfermedades cardiovasculares y sobrepeso que no asociamos directamente a ese producto y por eso lo seguimos ingiriendo.

Comer, de vez en cuando, algo que no está considerado sano no te va a matar, pero sí lo va a hacer basar tu alimentación en productos no naturales que dañan nuestro organismo.

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