Juventud, divino tesoro

Juventud, divino tesoro

Siempre he pensado que cuando mi hija cumplió 14 años fue un antes y un después. Mi hija comenzó a pensar de otra forma y era el momento de dar la bienvenida a la adolescencia. La famosa edad del pavo entraba por la puerta de mi casa y yo, la verdad, no sabía cómo afrontarlo. Yo hasta ese momento era muy feliz con “mi niña”, ya que era una chiquilla extraordinaria, muy buena y que siempre hacía caso a su madre. Pero cuando llegó al instituto todo cambió.

Y es que con el paso del colegio al instituto se produce un cambio muy grande. Yo también recuerdo que en mi época se vivía, pero ahora, quizás por las nuevas tecnologías, ese cambio es mucho peor y más grande. Por eso, quiero daros unos consejos de cómo tienes que tratar a tu hija cuando llegue a esta edad. Son muchos los padres que necesitamos un manual de instrucciones. Cuando nuestros hijos cumplen 14-15 años, empiezan a fallar en el colegio y cambian de amigos la preocupación es grande y acercarse al joven puede no resultar tarea fácil. Os lo digo por experiencia.

A partir de los 14 años de edad, los niños cambian física, emocional y mentalmente. Todos estos cambios pueden desequilibrar las vidas de los adolescentes y sus padres. Pueden surgir problemas mayores, especialmente entre aquellos niños que por otras razones ya están a riesgo del fracaso escolar.

Las famosas hormonas

La mayoría de los expertos creen que la idea de que los adolescentes son regidos por las “hormonas descontroladas” es una exageración. No obstante, esta es una edad llena de cambios rápidos en su estado emocional, el mal genio y una gran necesidad por la privacidad, así como la tendencia a ser temperamentales. Los niños pequeños no pueden pensar en el futuro demasiado, pero los adolescentes sí pueden y suelen hacerlo con frecuencia—lo que resulta en que se preocupen por el futuro. Algunos podrían preocuparse excesivamente de:

  • Su rendimiento en la escuela
  • Su apariencia, su desarrollo físico y su popularidad
  • La posibilidad de que uno de sus padres fallezca
  • Ser hostigados en la escuela
  • La violencia escolar
  • No tener amigos
  • Las drogas y el alcohol
  • Fracaso en obtener empleo
  • El divorcio de sus padres
  • Comunicación

Varios psicólogos han descubierto que cuando los padres saben dónde están sus hijos y qué están haciendo (y cuando el adolescente sabe que el padre sabe, lo que los psicólogos llaman vigilancia), los adolescentes corren menos riesgo de tener malas experiencias, incluyendo drogas, uso de alcohol y tabaco; actividad sexual y embarazo; delincuencia y violencia. La clave, según los psicólogos, está en ser curioso pero no interferir, en esforzarse por respetar la privacidad de su hijo al establecer confianza y acercamiento emocional.

Libertad

Algunos padres les dan demasiada libertad en ciertas cosas indebidas, o les dan demasiados privilegios antes de que los adolescentes estén adecuadamente preparados para ellos. Otros padres pecan por mantener un control demasiado rígido con los hijos, negándoles las oportunidades que necesitan para madurar y aprender a tomar decisiones por sí mismos, y aceptar las consecuencias de las mismas. Los estudios científicos nos indican que los adolescentes se desarrollan mejor cuando mantienen un enlace fuerte con sus padres pero al mismo tiempo se les permite tener sus propios puntos de vista e inclusive estar en desacuerdo con ellos.

Alcohol

El consumo de alcohol es uno de los marcadores para detectar un problema serio. A esas edades muchos jóvenes empiezan a experimentar con esta clase de bebidas. Los chicos se hacen mayores y los mayores toman copas. Sin embargo, hay que poner la voz de alarma cuando llegan borrachos o no se presentan en casa cuando se les espera.

Redes sociales

Las redes sociales son un mundo desconocido y temible para muchos padres de adolescentes. Los niños se adentran en el mundo digital a edades tempranas y es inevitable que se creen perfiles en Facebook o Instagram. Una vez más, el diálogo es la vía para manejar correctamente este momento.

La verdad es que yo al principio lo pasé muy mal, pasé de elegir yo la ropa que la compraba en Grupo Reprepol a que fuera ella la que quisiera ir sola de compras. Llegamos al acuerdo de que yo también iría, aunque ella no lo llevaba nada bien.

Con todo esto, os recomiendo mucha paciencia para poder sacarlo adelante. Mucho diálogo y ante todo, sentido común. Ni intentes ser el padre molón, ni tampoco el padre tirano.

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