Cuando se nos cae un diente, no solo produce un efecto visual desagradable, en especial si la pieza dental es visible, se encuentra en la parte delantera de la boca; sino que tiene efectos directos en la operatividad de la dentadura, provoca problemas de mala oclusión entre las dos arcadas y puede acarrear molestias graves gastrointestinales. La pérdida de un diente es mucho más que un problema estético.
Ya lo dicen muchos dentistas. Debemos entender la dentadura como un órgano global. No como una suma de piezas dentales. Sin contar las muelas del juicio, que no siempre terminan de erupcionar, un adulto posee 28 piezas dentales, y no es por casualidad. Cada diente cumple una función en nuestra boca y todos son esenciales para una masticación adecuada de los alimentos.
El periódico mexicano El Informador indica que una persona mayor, de la tercera edad, debería conservar como mínimo 20 dientes originales para tener una dentadura funcional. Sin embargo, esto a veces no es así. Esto va a provocar que la comida llegue a nuestro estómago e intestinos con una trituración y deglución insuficiente, que nos provocará digestiones pesadas y en ocasiones dolorosas.
Por otro lado, los dientes pegados al hueco que se nos ha quedado en la boca sufrirán una sobrecarga excepcional, intentando suplir a la pieza caída, lo que puede provocar un desgaste más acelerado del esmalte. Aumentando las posibilidades de padecer caries y otras infecciones, ya que el lateral de estos dientes queda al descubierto. Es normal que se produzca un desplazamiento dental, intentando cubrir el hueco que ha quedado libre.
En fin, toda una cadena de infortunios que afecta a la salud de nuestra boca y de otras partes del cuerpo.
Cuando se nos cae un diente, aunque sea una muela, nuestra intención debería ser reponerla lo antes posible. Cuanto más tiempo pase entre la caída de la pieza dental y la reposición, más complicada es la restauración.
De todo esto te hablamos más en profundidad en el siguiente artículo.
La periodontitis es la causa principal de pérdida de dientes en adultos.
Un diente se nos puede caer por varias razones. Por haber sufrido un golpe en la boca, por un accidente. Pero es la periodontitis, una enfermedad grave de las encías, la causa más habitual de pérdida de dientes naturales en la población adulta.
La periodontitis es una enfermedad inflamatoria grave de las encías que surge como evolución directa de una gingivitis no tratada ni curada a tiempo. Cuando la inflamación inicial no se elimina, la placa bacteriana y el sarro avanzan progresivamente hasta acumularse por debajo de la línea de la encía. En esta etapa, la infección deja de ser superficial y comienza a destruir de manera irreversible el hueso y los tejidos conectivos que sostienen los dientes.
A medida que la enfermedad evoluciona, se forman las denominadas bolsas periodontales: espacios entre el diente y la encía donde las bacterias se multiplican, erosionando la raíz y el soporte óseo. Esta infección provoca síntomas como enrojecimiento, sangrado, mal aliento y movilidad dental. De hecho, si la infección continúa avanzando sin intervención, la periodontitis se convierte en la principal causa de la pérdida de dientes. Además, sus consecuencias trascienden la boca, ya que el paso de estas bacterias al torrente sanguíneo se relaciona con patologías sistémicas como problemas cardiovasculares, diabetes o EPOC, como reconoce la revista I Sanidad.
Para frenar esta progresión y evitar la caída dental, el tratamiento se enfoca en eliminar la infección y reducir la profundidad de las bolsas. En fases moderadas, se recurre al raspado y alisado radicular para limpiar y pulir la superficie de la raíz. En casos más severos, se recurre a la cirugía bucal, con posibles injertos para reconstruir los tejidos dañados.
El origen primigenio de una periodontitis se halla en una deficiente higiene dental. Al no cepillarnos los dientes todos los días, al menos dos veces al día, y no utilizar hilo dental, una parte de la placa dental se irá acumulando en la línea de la encía. Formando una costra que no podemos eliminar con el simple cepillado, el sarro, que facilitará que la placa bacteriana vaya creando un hueco entre el tejido gingival y el diente. Hasta que al final logre introducirse en el interior de la encía y, poco a poco, erosione las estructuras bucodentales hasta que no queda otra salida y el diente se cae.
Problemas de oclusión dental.
La caída de piezas dentales originales produce significativos desarreglos en la dentadura. Así lo indican los dentistas de la Clínica Dental Dr. Maroto y Dra. Vellón, una clínica dental multidisciplinar de Aranjuez (Madrid) en uno de los artículos de su blog. Donde explican cómo la pérdida de un diente provoca un desplazamiento en el conjunto de la dentadura y una sobrecarga sobre los otros dientes.
Es un proceso complejo que se da en varias direcciones. Para empezar, durante el masticado de los alimentos, la tensión masticatoria se reparte entre el conjunto de la dentadura y, en especial, la parte que cumple esa función. Por ejemplo, cuando masticamos la comida, el triturado se produce en la zona donde se encuentran las muelas y los dientes premolares. Sin embargo, si falta alguna pieza, el trabajo recae en las piezas aledañas.
Para compensar esta tensión, la dentadura tiende a desplazar los dientes de manera involuntaria para intentar cubrir los huecos. Lo hace para mantener un cierto equilibrio en la dentadura. Este desplazamiento debilita el enclave de los dientes sanos y los vuelve más vulnerables.
En todo este proceso empeora la oclusión de la dentadura. Es decir, el encaje de las dos arcadas cuando cerramos la boca. Esto va a empeorar la mordida y va a generar problemas de desalineamiento dental. La masticación de los alimentos se vuelve más complicada.
Como consecuencia del desplazamiento dental, se acentúan los espacios que hay entre los dientes. Creando zonas especialmente sensibles a las caries.
Molestias gastrointestinales.
Cuando no masticamos bien los alimentos por falta de piezas dentales en la dentadura, los trozos de comida llegan demasiado grandes al estómago. Este órgano tiene que trabajar el doble para digerir la comida, lo que le lleva a segregar más ácido y a permanecer durante más tiempo activo. Como consecuencia, aparecen las digestiones pesadas, la acumulación de gases, el reflujo y, con el tiempo, enfermedades como la gastritis.
El periódico El Confidencial asegura que la falta de dientes complica la digestión en su conjunto. Masticar no es un mero acto mecánico; es el primer paso del proceso digestivo. Esta acción activa la producción de saliva, fundamental para transportar el bolo alimenticio hacia el estómago y el intestino, así como para ablandar y descomponer una parte de los alimentos. Así mismo, el movimiento masticatorio actúa como una señal de aviso para el tracto gastrointestinal, estimulando la liberación de ácidos en el estómago y enzimas necesarias para procesar los nutrientes correctamente.
La absorción de nutrientes en el intestino también se complica. Ya que, por mucho que trabaje el estómago, no puede suplir por completo la trituración de alimentos que se produce durante el masticado.
La pérdida dentaria altera de forma notable los hábitos de alimentación. Al reducirse la capacidad de trituración, las personas tienden a modificar su dieta hacia alimentos más blandos y fáciles de ingerir, limitando la variedad de comida que toman a diario.
Algunos estudios confirman que el edentulismo, la pérdida de dientes, ya sea parcial o total, se asocia directamente con un menor consumo de frutas, verduras y fibra, así como de nutrientes esenciales como el calcio, el hierro y diversas vitaminas. De esta forma, la falta de dientes no solo compromete la salud bucodental, sino que empeora la calidad de la dieta que tomamos, conduciéndonos a una especie de desnutrición provocada por el hecho de excluir de nuestra alimentación grupos importantes de alimentos.
Reabsorción del hueso maxilar.
Cuando perdemos un diente, el hueso alveolar y maxilar que lo sujetaba tiende a reabsorberse. Se compacta, se hace más pequeño. Esto se debe a que esta parte de nuestra estructura ósea maxilofacial no percibe la presión que se genera durante el masticado y, por tanto, no recibe ningún estímulo para regenerarse.
Esto crea una complicación a la hora de sustituir el diente perdido por un implante. Ya que el implante no tiene superficie ósea en la que integrarse. Uno de los factores que valoran los implantólogos y los cirujanos orales antes de colocar un implante dental es la cantidad y calidad de hueso disponible para colocar el implante.
Sucede que cuanto más tiempo transcurra entre la caída del diente y la colocación del implante, menos calidad y cantidad de hueso tenemos. Esta condición, hace unas décadas, impedía que a determinados pacientes se les pudiera colocar un implante dental. Hoy, como explica la página web de los laboratorios Dentaltix, se puede resolver mediante la colocación de injertos y tratamientos de regeneración ósea guiada.
La regeneración ósea guiada es, a día de hoy, un avance odontológico clave. Esta técnica utiliza biomateriales que estimulan la migración celular y la creación de tejido nuevo donde el hueso se había retraído. Para asegurar el éxito del proceso, a menudo se colocan membranas de colágeno sobre el material de relleno. Este procedimiento, denominado Regeneración Ósea Guiada, actúa como una barrera protectora que evita que tejidos de rápido crecimiento, como la encía, invadan la zona donde debe formarse únicamente estructura ósea.
Este procedimiento no sustituye el hueso perdido por otro material, sino que induce al organismo a que regenere la zona con hueso propio de nueva creación. Para ello se utilizan materiales biocompatibles de diferente origen, los biomateriales.
Dentro de estos biomateriales existen opciones sintéticas fabricadas en laboratorio, como la hidroxiapatita o el fosfato de calcio, que imitan la mineralización del hueso y facilitan la integración del implante.
Por otro lado, la medicina recurre a alternativas orgánicas mediante injertos: los autoinjertos (obtenidos del propio paciente), los aloinjertos (procedentes de donantes humanos compatibles) y los xenoinjertos (de origen animal, como huesos de vaca o cerdo). Gracias a esta combinación de biotecnología y precisión quirúrgica, hoy es posible restaurar la densidad y calidad del hueso maxilar, garantizando una fijación firme, duradera y segura para los implantes dentales.
Efectos estéticos y emocionales.
Aunque hemos querido quitarle relevancia a esta faceta, poniendo más hincapié en las consecuencias sobre la salud, no podemos obviar que la pérdida de dientes tiene un efecto directo sobre nuestra apariencia física y sobre nuestra autoestima.
En la actualidad, el estado de nuestra dentadura es un rasgo de belleza. Por eso nos esmeramos en tener unos dientes blancos, proporcionados, armoniosos y bien alineados. Cuando perdemos piezas dentales, en especial si son visibles, el conjunto se desmorona.
Ante todo, una dentadura a la que le faltan dientes da impresión de abandono personal. Transmite a los demás la imagen de una persona que no se cuida. No resulta visualmente atractiva, ni inspira confianza. Es una persona con una tara física, que ha llegado hasta ahí porque él lo ha querido. Porque no ha evitado la pérdida del diente o porque no lo ha repuesto cuando se le ha caído.
Es un paradigma. Una idea socialmente aceptada. Y lo peor de todo es que nosotros la asumimos como propia. Somos nuestros mayores críticos. La apariencia de nuestra dentadura cambia la forma en la que nos vemos, rebaja la confianza que tenemos en nosotros mismos y altera la forma en la que nos relacionamos con los demás.
Por temor a cómo lo vean, una persona con la dentadura estropeada evita sonreír. Da una imagen más seria de lo que probablemente sea. Se presenta ante los demás como alguien tímido e introvertido. Elude el contacto cercano.
No porque sea una persona distante. Sencillamente, no quiere sonreír, uno de los gestos más naturales que existen. Actúa así para no pasar vergüenza.
Son muchos, y en diferentes áreas, los efectos que tiene la pérdida de dientes. Lo mejor de todo es que tiene solución. Colocarnos un implante dental cuando se nos ha caído un diente soluciona varias cosas de nuestra vida.