Así cambió mi salud gracias al aislamiento térmico en mi casa

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Aislar una casa puede sonar a algo simple, pero ya os digo que en mi caso fue todo un cambio radical. Si me lo hubieran dicho hace unos años, les hubiera dicho que estaban locos. Yo, y lo tengo que reconocer, era de esas personas que pensaban que el aislamiento térmico era solo para ahorrar en calefacción o para los maniáticos del confort. Hoy os digo que fue mi mejor decisión.

Antes de hacer el aislamiento térmico, mi casa era un pequeño infierno, según la estación del año. En invierno, sentía que vivía dentro de un refrigerador. Me levantaba con la nariz helada, los pies fríos y una capa de humedad que parecía meterse en los huesos. Los dos resfriados al año nadie me los quitaba.

No importaba cuánto encendiera la estufa o el calefactor, el calor se escapaba por las paredes, las ventanas y el techo. Y en verano, pues era todo lo contrario. Dormir era una tortura, y despertaba empapado en sudor, cansado y con dolor de cabeza. Los 30 grados nadie me los quitaba.

Verano e invierno

Como es lógico en estas cosas, mi cuerpo empezaba a decir basta. Tenía resfriados constantes, dolores musculares y alergias. En invierno, me pasaba el día estornudando y tosiendo, y en verano, el aire acondicionado me dejaba la garganta irritada. Recuerdo una vez, en pleno julio, que me dio una crisis de sinusitis tan fuerte que terminé en urgencias.

Un día, un amigo me contó que había aislado su casa y que no solo estaba más cómoda, sino que también había mejorado su salud. Me habló de cómo ya no se resfriaba tanto y dormía mejor. Así que decidí investigar y descubrí que el aislamiento térmico no solo sirve para mantener la temperatura estable, sino también para reducir la humedad, el polvo y hasta el ruido.

El cambio fue tremendo. Desde el primer invierno, con lo poco que me gusta a mí, noté la diferencia con las ventanas que habían instalado los profesionales de Crear Sur Aislamientos. La casa se mantenía caliente sin tener que tener la estufa encendida todo el día. Esa sensación de levantarse y no sentir los pies congelados fue un lujo que no recordaba en años.

También me sorprendió lo seco que se sentía el ambiente. Antes, tenía moho en las esquinas y en el baño, y el olor a humedad era constante. Pero con el aislamiento, la casa se volvió más saludable. El moho ya os digo que es un enemigo silencioso para la salud.

Lo que más me ha sorprendido es cómo mejoró mi salud. Ya no me resfrío con tanta facilidad, duermo mejor y mi energía ha aumentado. Despierto, descansado, sin dolor de cabeza ni sensación de pesadez. Mis alergias también han disminuido mucho, y eso que antes me pasaba la primavera entera con la nariz tapada. Siento que mi cuerpo está más equilibrado, que no lucha constantemente contra el clima interior.

Y hay algo más que no esperaba: el silencio. ¡Qué maravilla! El aislamiento acústico fue un regalo inesperado. Ahora apenas escucho el tráfico ni las conversaciones de los vecinos. El silencio es tan reconfortante… Me di cuenta de que antes vivía con un nivel de ruido que me generaba estrés sin que yo lo notara. Hoy mi casa es un refugio de paz.

Además, noto que el aire dentro de casa es más limpio. No hay corrientes frías ni humedad acumulada, y eso hace que todo se sienta más sano. Incluso mi médico se sorprendió cuando le conté que, desde que hice el aislamiento, no he tenido ni una bronquitis. ¡Y antes tenía al menos una cada invierno!

Es cierto que a veces me siento un poco tonto por no haberlo hecho antes, pero la vida es así. Es cierto que he pasado tiempo gastando mucho dinero cuando la solución estaba en las paredes de mi casa. De locos.

Ahora, cada vez que alguien se queja del frío o del calor en su hogar, tengo claro lo que los tengo que responder: “¡Aíslen su casa que os va a cambiar la vida. Porque no solo se trata de confort o ahorro energético, sino de salud. Vivir en un ambiente estable, sin humedad, sin cambios bruscos y sin ruido, te cambia el ánimo, el cuerpo y hasta el humor.

Hoy puedo decir que mi casa es un lugar donde respiro tranquilidad, literalmente. Ya no me enfermo tanto, descanso mejor por las noches y disfruto de cada estación del año sin sufrirla. Quién me diría que unas paredes bien aisladas podían hacerme sentir tan bien.

 

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