Siempre he pensado que cuando mi hija cumplió 14 años fue un antes y un después. Mi hija comenzó a pensar de otra forma y era el momento de dar la bienvenida a la adolescencia. La famosa edad del pavo entraba por la puerta de mi casa y yo, la verdad, no sabía cómo afrontarlo. La verdad es que yo al principio lo pasé muy mal, pasé de elegir yo la ropa que la compraba en Grupo Reprepol a que fuera ella la que quisiera ir sola de compras.